Poesía como recurso teleológico 

o del día en que el tiempo ya no exista más-


Introducción

Inicio condensando una idea que me ha venido rebotando por dentro, y que está relacionada a la pregunta de por qué el arte, por qué la poesía. He encontrado explicaciones a este asunto en Leo Tolstoy en sus tratados sobre “¿Qué es arte?”, en Wassily Kandinsky con su obra “Sobre lo espiritual en arte» y, finalmente, “La sociedad del espectáculo” del controversial Mario Vargas Llosa. Quizá se podría concluir de estas variadas lecturas que el arte, la experiencia estética, en donde la poesía es materia prima y producto elevado, es un acto intrínseco a la vida, a los mecanismos puros de la experiencia y sus preguntas fundamentales. Se proyecta pues una correlación entre la experiencia estética y la experiencia religiosa, aunque lo religioso puede ser una palabra confusa y político-ideológica.  

La poesía contesta e imagina preguntas de forma tanto bella y simple como compleja y de estética dura; apoya a la literatura y a la filosofía cuando se encuadran demasiado, cuando se academizan o se acartonan; ayuda a imaginar futuros desde la intuición de lo que nos constituye como especie en relación al gran conjunto de otros seres, cosas y eventos en eso que llamamos realidad, siempre parcial, siempre en movimiento. Y también la poesía se nutre de la ciencia, haciendo de la poesía un carril en dos vías, siendo receptáculo y emisor de ideas.  Para el filósofo Isaiah Berlin la figura del filósofo Friedrich Nietzsche es en realidad la del gran último poeta alemán. Esta idea surge de la queja de que la filosofía entró en un estado de trance debido al positivismo, y la excesiva necesidad de probarlo todo ¿Cómo se puede probar una intuición? Nietsche es el gran devastador romántico, el gran poeta que problematiza la realidad, el último bastión de elevados pensamientos sin el filtro de la decadencia occidental (esta última línea es una licencia mía, una exageración extraída de mi humor navideño). Aquí bien podría entrar el término de libertad asintótica, hermoso término proveniente de la física, es decir: la gran utopía, la gran búsqueda, el santo grial, la libertad que casi se logra, que nunca en su totalidad está presente, pero que siempre se busca. 

Augusto Monterroso

En la narrativa Augusto Monterroso es el autor más breve, gracias a su novela (como él dice, riendo) de “El Dinosaurio”:[Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. FIN]. En la poesía lo es Albert Einstein con su majestuosa, breve y elegante fórmula “E = mc^2”.

Albert Einstein

En ese sentido, la imaginación, aquello que no sabemos a cabalidad, también genera búsquedas que terminan en tratados e inventos científicos. Pensemos en que Albert Einstein, con su mentalidad científica y poética, generó una serie de ideas que fueron intuidas desde sus cualidades de físico, claro está, pero que no fueron comprobadas hasta después de la muerte del autor muchos años más tarde. Sin esas ideas, sin esa intuición y sensibilidad espiritual, no hubiera avanzado la Teoría de la Relatividad y sus estudios gravitacionales, a los que este grandísimo científico alemán dedicó su vida y su imaginación. Se podría concluir que en la narrativa Augusto Monterroso es el autor más breve, gracias a su novela (como él dice, riendo) de “El Dinosaurio”: [Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. FIN]. En la poesía lo es Albert Einstein con su majestuosa, breve y elegante fórmula “E = mc^2”, la cual expresa la equivalencia entre la masa y la energía en su Teoría Especial de la Relatividad. Obviamente los detalles técnicos desbordan la discusión aquí propuesta, pero es suficiente decir que estamos hablando de forma y fondo de gran talla. 

En la búsqueda de una explicación del tiempo también entra la base poética, que nos permite comunicar la experiencia espiritual y estética de encontrarnos con nuevas verdades en el campo de la ciencia. Estos descubrimientos nos transforman, desestabilizan y luego nos acomodamos, hasta la siguiente revolución de ideas. En fin, tanto el arte como la ciencia viajan en el mismo péndulo poético, nutriéndose bilateralmente en una sucesión de eventos en el cronos, el cual aporta su estructura bidireccionalidad. Con eso quiero comentar algunas cuestiones sobre la concepción de ese tiempo, al cual, desde el lenguaje le aplicamos una idea de realidad fundamentalmente secuencial: pasado, presente y futuro. Este hecho, de limitación gramatical, no nos permite expresar y comprender las nuevas realidades, la realidad cuántica por ejemplo, en toda su extensión y la gran secuencia de planos yuxtapuestos que “teóricamente” nos proponen un multiverso en lugar de un único universo. El mundo, la realidad, deviene granular, multipartita, desconocida fuera de nuestro plano.


“Una breve historia del tiempo” 

Este libro del aclamado astrofísico Stephen Hawking es una obra de descomunal “sencillez” (Imagínese usted explicar el universo en un tratado breve). Es aquel tipo de libros que son escritos por mentes brillantes, quienes pueden sintetizar ideas complejas para transmitirlas al público en general. Aquí se comenta que el sistema aristotélico creía que la tierra era estática y que todo giraba alrededor de ella. Esto se debía a una mentalidad mística en Aristóteles. El libro explica cómo Tolomeo generó un sistema cosmológico según las ideas aristotélicas. A este sistema se le conoce como geocéntrico. Luego, el polaco Nicolás Copérnico generó un sistema en donde el sol era estático, y todo lo demás giraba rodeando ese centro. Este es el sistema heliocéntrico. Hoy en día concebimos muchas más galaxias, con sus planetas, lunas y soles. También sabemos que el universo se expande y que el espacio no es fijo. 

El alemán Johannes Kepler y el italiano Galileo Galilei apoyaron a Copérnico e hicieron modificaciones para avanzar en el conocimiento del espacio, hasta que llegó Isaac Newton con su distinta comprensión de la gravedad, redefiniendo las ideas de Aristóteles a este respecto y exponiendo novedosamente que el espacio no era fijo como se pensaba hasta entonces. Otra cuestión que habla el libro es el hecho de que aceptar las elipses en contraposición de movimientos circulares no hacía sentido, debido a que la elipse no era una forma perfecta como el círculo. Esta idea también murió de edad gracias a los nuevos descubrimientos sobre el comportamiento de las diversas entidades en el espacio. 

El libro menciona a San Agustín y a Kant en relación a sus apreciaciones sobre la realidad y el espacio.  Se refiere a la revolución de las ideas sobre el espacio exterior en el siglo XX de la mano de Edwin Hubble, Karl Popper y Albert Einstein para mencionar algunos. Aquí se perfila una nueva teoría que hermane lo mínimo con lo macro, el mundo cuántico con el espacio en expansión. Una unificación es necesaria para que podamos comprender estas realidades aparentemente tan dispares. Así pues, vemos que nos vamos movimiento del espacio fijo al espacio expansivo, flexible. 

En algún momento del libro, el físico inglés propone la idea del tiempo imaginario, como un símil a los números imaginarios. Esto es únicamente un dispositivo teórico, un instrumento para la teorización. En esta línea de ideas cuestiona por qué solo recordamos el pasado y no el futuro, pero ¿por qué?. Al leer esas líneas no puedo dejar de pensar en Humberto Ak’abal, el poeta Quiché:

<<Camino al revés:

De vez en cuando
camino al revés:
es mi modo de recordar.

Si caminara sólo hacia delante,
te podría contar
cómo es el olvido.>>

No debería terminar esta sección con una idea fundamental en la física: si una partícula colisiona con su antipartícula, queda solamente energía. Esto me hace recordar a Nicanor Parra, poeta y físico, cuando nos deja vibrando con su poema de “El Hombre imaginario”: 

<<El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.>>

Aquí puedes ver un video donde leo este poema.

Video casero

“El Orden del Tiempo”

En “El Orden del Tiempo”, el italiano Carlo Rovelli, conocido como poeta de la física por sus hermosos libros científicos, expone con destreza lírica el funcionamiento del tiempo, de cómo lo concebimos, de los saltos dados pasando por Aristóteles, Newton y Einsten, la terna de gigantes necesaria para darnos una comprensión parcial de lo que definimos por realidad para darnos esa hermosa narrativa cósmica en donde el tiempo es ignorancia, como lo dice Rovelli en este volumen. Tanto Aristóteles como Newton estuvieron equivocados, pero en la dirección correcta.

Newton nos hace ver la gravedad para destrabar el espacio, y Einstein nos mostró, a través de su estudio de la gravedad, que la realidad es flexible, que el tiempo es flexible. Rovelli nos explica que el tiempo es más lento en unas partes del cuerpo que en otras. Esto debido a la fuerza de la gravedad y su impacto en los distintos puntos del cuerpo de las cosas. En fin, quizá el tiempo, como lo entendemos a este nivel de la realidad, no tenga nada que ver con el tiempo en las partículas microscópicas, en donde todo es probable y quizá el tiempo mismo ni siquiera exista. Lo que se sabe es que el tiempo se hace lento dependiendo de diversos factores gravitaciones y las masas que interactúan en este juego de colisiones probabilísticas. La luz que ves ahora, y que te hace sentir vivo, despegó de su punto cero hace diez millones de años aproximadamente en un estallido solemne, al que conocemos como Big Bang. Y entonces, mientras que para tí esta es una luz nueva, en verdad es un ente antiguo, tan antiguo como el tiempo que está contenido en sí mismo como ente tiempo, y que al igual que la poesía es más vieja que cualquier ser humano.

No conocemos mucho del nivel molecular que nos compone, y tampoco conocemos todo del macrocosmos allá en la bóveda celeste. Estamos inmersos en nosotros mismos, creando dioses y fuentes de saber para explicarnos qué somos y qué hacemos aquí. Y sin embargo, la realidad no está hecha de cosas sino de eventos, y estos eventos de su causalidad, de sus relaciones. La entropía, es decir el nivel de desorden en la realidad, es una variable importante en la estructura de lo que concebimos culturalmente como tiempo en la actualidad. En el fondo toda magia es mecánica pura, mirar la realidad es justamente un punto de vista, un efecto óptico, ilusorio, que nos hace ver a Dios y creerle al acto. 

Ya que es una cuestión de puntos de vista, se puede notar que la religión, la ciencia y el arte han encontrado temas en común para explicarse la vida. Tienen una búsqueda que se corresponde desde distintos ángulos, pero las preguntas siguen siendo las mismas. Para el caso de la metafísica toda mejora será para instrumentar un espíritu que disfrute de la gloria postmortem, junto al Padre Celestial. Para la ciencia y el humanismo las mejores se disfrutan aquí, en el “presente”, potenciando la vida y mejorando nuestras capacidades, haciéndonos mejores con modificaciones tanto físicas como culturales. Las mejoras físicas son un campo tanto de la medicina estética como del transhumanismo, mientras que las culturales le corresponden al arte y a la religión.


Conclusión

En fin, Newton cambia la forma en que se concebía el espacio, esto era de manera fija. Einstein cambió la forma en que se concebía el tiempo, esto era de manera fija. Ambos, espacio y tiempo hoy en día son flexibles, al igual que la generación de ideas en el mundo del arte. Ya no hay límites para la creación. Este breve ensayo hace las veces de test, buscando un vínculo entre dos entes aparentemente no consustanciales, pero ya que lo puedo imaginar, lo puede hacer existir. 

Las preguntas que se hace la religión, la filosofía, la ciencia, la estética, son parte del mismo compendio de experiencias sensoriales humanas. Cada una tiene un acercamiento diferente y, a veces, en lo aparente, objetivos distintos, pero esto es solamente una ilusión óptica. De ahí que no podamos dejar de sentir la pulsión erótica hacia el arte, porque constituye parte de una búsqueda intrínsecamente ligada a la existencia, a su explicación en el tiempo y el espacio que habitamos, y a los que concebimos como una flecha hacia adelante, asumiendo siempre una especie de progreso sin un retorno previsto. 

En fin, la poesía y la ciencia se comunican y retroalimentan desde la imaginación y su potencial comprobante durante la experimentación científica. 


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