Barco a la deriva

Ya ves que la metáfora del barco a la deriva funciona para las caricias y para los besos. Una masa tambaleante frente al enorme volumen vélico del agua en congestión. Renunciar a una boca querida es un efecto cercano al vaso vacío cuando aún hay fuerza para beber y esperar al amor. Es hora de bailar. Sudemos un rato para que brote la borrachera por nuestra venas penosas. Sí, somos el barco en movimiento en la mar musical de este bar de boleros antiguos y lastimeros. Aquí somos felices, amiga mía. Aquí nos mordemos y despellejamos nuestros salarios sufriendo pero disfrutando. Estamos hechos de melancolías sobrias e inmortales. 

No podemos dejar a Alci Acosta confesar sus infamias en buen tono y quedarnos aquí inertes. Hay una cosa que se llama solidaridad, pero no está en las luchas sociales colectivas, sino es en contra de la tristeza colectiva. Esta noche es el funeral de la alegría ingenua. Seamos tristes de verdad y besémonos descomponiendo la realidad. Así es la felicidad para nosotros que solo sabemos de oscuridad, sudor y boleros. 

El mundo es distinto en nuestros cuerpos. La física fundamental no encuentra nicho en nosotros, porque nuestros cuerpos no tienen trayectoria. De hecho nuestros ataúdes los vestimos porque solo así estamos seguros de tener cerca algún destino. Sigamos en este beso lento, al ritmo de ese bolero exquisito donde todos mueren. Es delicioso morir de pena y lamerse con tanta saliba. Nunca habíamos entregado tanto en la pista. Debe ser porque el cuando hay dinero hay que escupir de más en el suelo. 

A punto estamos de que nos saquen de aquí, pero nos queda unos centavos para pedir la siguiente canción en la rocola. Escoge una para salir triunfantes de esta nebulosa que nos odia por ahora, pero mañana vendremos con billetes nuevos y seremos el rey y la reina nuevamente.