Silueta de una obsesión: teoría efímera de una felicidad

La felicidad es una entidad compleja y consustancial a la vida. Sus aspectos son múltiples y subjetivos. La idea general de una felicidad total en el rango de la vida, me parece que es nada más un acuerdo colectivo entre individuos con los mismos gustos.

Vivir es interesante. Al menos, en lo aparente, es más interesante que morir. Pero ésto puede ser un mero capricho por la necesidad de estar conciente. Solo un vivo puede comunicar estados de conciencia que le permitan determinar su estado vital.

Tengo la sensación que para experimentar la felicidad se necesitan algunos componentes cruciales: primero, demostrar estar vivo; segundo, compartir experiencias/opiniones con un grupo de seres vivos, que puedan demostrar a sí mismo su estado de conciencia vital. De este contrato surge la aceptación, y por lo tanto el confort de la adaptación social. Así nos acercamos, de manera resumida, a una idea “subjetiva” de la felicidad.

Por otro lado, me parece que la felicidad es un estado de ánimo discreto (en el sentido de específico y puntual de un intervalo, el cual tiene su propio universo de posibilidades, como en las matemáticas discretas) y no un estado de vida monolítico, como algunas veces se pinta en el mercado de la abolición de tristezas, como la religión o la riqueza. No se puede estar feliz constantemente. No se puede vivir feliz, como no se puede vivir triste toda la vida. Sería un exceso innecesario.

Esa maldita agonía de querer cumplir con el dogma colectivo de la felicidad es calcinante. La exagerada necesidad de ser un ser social a toda hora, cuando en verdad nos hace bien estar solos voluntariamente. Pero, estar solo toda la vida tampoco es cosa de seres humanos. Quiero decir otra vez, que no se puede ser social y estar solo toda la vida. He ahí un punto moral detonante en la agonía de la existencia. Quizá una buena solución sea cambiar de formas por ratos. Por ejemplo, cambiar de música, de actividades, de deporte, de tipo de fiestas, de gente, de dinámica de pareja, etc.

El ser humano contemporáneo está ya acostumbrado a ir saltando por todos lados en este vertiginoso zapping, que se ha instalado en nuestros días y nuestros espíritus. Puede que lo mejor sea de una vez transformar los mecanismos de producción y dejar de cumplir con las demandas del mercado, y dejar de trabajar en parejas indisolubles y absolutas, para llegar al momento más pleno de la libertad humana. Y con ésto, amarse los unos a los otros, sin necesidad de lazos invisibles y anticuados, enarbolados por seres de pretéritos y místicos.