En unos años (Ficción)

En unos años los espacios que hoy consideramos sagrados, como las iglesias, los bancos, los recintos universitarios, serán ciudadelas llenas de ruinas y huesos de animales muertos (nosotros) para visitas de boy scouts mutantes del futuro, lugares de exploración de alguna secta botánica que busque valores minerales en esos huesos ya triturados por una especie de hormigas de metal, que los carcomerán con el tiempo. 

En unos pocos años, cuando ya no existamos, unos entes como dioses, semi-electrónicos, semi-espíritus, estarán en su fase prehistórica, viajando de la luna a la tierra a altas velocidades a través de tubos de luz, y apagando incendios en planetas alrededor del sol usando elementos naturales en estados que ni se nos ocurren todavía. 

En unos años, cuando ya se haya encontrado el cielo del que hablaban las religiones creadas por los animales antropomorfos, los nombrados como humanos, se tratará de entender el origen de ese idealismo brutal que hacía negar algo tan obvio como la existencia de la n-ésima galaxia, en donde se encuentra un sistema de círculos concéntricos, que en su parte más interior contiene un espacio donde se estalló una bomba atómica, dando origen a un sistema de olas, que abrió una herida en la galaxia original, expandiendo el universo de posibilidades por la fuerza expansiva de toda explosión a gran escala. Ahí, en esa locación del gran cosmos, estaba la casa de Dios, aquel cielo nunca encontrado por haber sido buscado en otra intersección de la masa gigantesca de la nada galáctica. 

sadae-kasoaka-testigo-del-bombardeo-de-hiroshima-informesAquel bombazo, que a su vez era Dios y su casa toda, fue una especie de Big Bang originada precisamente desde la mentalidad y la técnica de seres que buscaron la felicidad sin comprender realmente aquel concepto, sino en comparación con el más desvalido de esa raza de raigambre violenta.

En unos años, en ese futuro ya lejanísimo para nosotros de ahora, la felicidad no será una cosa necesaria, porque los sentimientos será algo que los seres híbridos no necesitarán de manera práctico-concreta en su sistema interconectivo insospechado y, por lo tanto, no descifrado por nosotros aquí en el pasado.

En unos años, cuando la tierra sea jóven de nuevo, será un espacio de cultivo, una granja de nuevas células guardadas en la siberia gélida. Esos microbios serán portados en cápsulas, máquinas incubadoras, conservativas de la miríada de minerales no imaginables de este lado de la geometría del tiempo. De ahí saldrán especies, que combinadas con todos los elementos necesarios para hacer un cuerpo humano, recordarán qué tan lejos se está de poder crear de nuevo un ser humano original, de carne y hueso, porque ya la moral no existirá ahí en el futuro, cuya ingeniería es incapaz de regenerarla, razón por la cual  no será posible dar comprensión a todo aquel entramado extraño de ideales sin sentido que lubricaba al homo sapiens, que lo movilizaba hacia el horizonte siempre lejano, inalcanzable, por tanto deseadísimo. 

En unos años quizá se comprenderá que la ficción fue la máxima expresión nuestra, del animal hombre y mujer, de aquel extraño ser místico, porque ni siquiera el lenguaje, que es un sistema de símbolos, era lo esencial, como tampoco toda la algoritmia química, ya descifrada por sistemas de información computacional, sino lo que estaba conectado con otra cosa que no se sabrá qué es, porque no estará documentado en la historia de las comprensiones humanas ya que nunca fuimos dueños del universo de los afectos. La historia que existirá en los archivos será solamente la composición química de los sentimientos, pero eso no determinará ya nada.